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Cultura - 06.04.2019

Chiclana concluirá una iglesia dos siglos después

La localidad gaditana culminará la construcción de las dos torres de su Iglesia Mayor, paralizadas desde la Guerra de la Independencia

Un retrato colgado de un pilar de la Iglesia Mayor de Chiclana de la Frontera recuerda que, gracias al “desprendimiento, piedad y solicitud” de Antonio Pizano, el templo se pudo consagrar en 1814. Y dos siglos después de aquello, el benefactor y comerciante con las Indias va a consumar su donación póstuma a este monumento del siglo XVIII. Su pintura ha sido clave para poder materializar el proyecto de terminación de los dos campanarios neoclásicos que quedaron por construir por culpa de la Guerra de la Independencia y que, ahora, en pleno siglo XXI están más cerca de hacerse realidad.

Las dos torres quedaron inmortalizadas en un alzado pintado como fondo del retrato de Pizano, pero nunca llegaron a levantarse en la realidad. La fachada de este templo neoclásico, proyectado por Torcuato Cayón y su sobrino Torcuato Benjumeda, quedó inconclusa, como ha ocurrido a lo largo de la historia en otros tantos monumentos del mundo. Pero la ausencia de las torres en Chiclana se ha convertido en una cuestión que lleva décadas de debate público y de empecinamiento tanto del alcalde de la localidad, José María Román, como de José María Esteban, el arquitecto que lleva batallando desde 2004 por verlas por fin construidas.

Aunque el técnico tiene listo el proyecto desde 2010, no ha sido hasta ahora cuando el Ayuntamiento ha presentado el estudio complementario necesario para la construcción, elaborado por el estudio Pardo & Asociados Arquitectos Técnicos y coordinado de la Oficina de Proyectos del Consistorio. La idea del alcalde -con el consenso del párroco y del Obispado de Cádiz, propietarios del edificio- es comenzar ahora a buscar de la financiación externa de los 1.232.000 euros que se estima que costará tanto levantar los campanarios como para restaurar e impermeabilizar todas las cubiertas.

Las obras de la también conocida como iglesia de San Juan Bautista comenzaron en 1776 bajo el diseño de Torcuato Cayón, arquitecto que marcó la transición del barroco al neoclásico en Cádiz con diseños e intervenciones en la Catedral o el Oratorio de la Santa Cueva. A los siete años del inicio, le relevó su sobrino y ahijado, Torcuato Benjumeda, uno de los grandes maestros del neoclásico andaluz que firma proyectos como la fachada del Ayuntamiento de Cádiz o la Cárcel Real. “Los dos se depuran en templos anteriores y llegan a este que es de los mejores edificios religiosos en ese estilo de Andalucía”, explica Esteban.

Las obras avanzaban con brío hasta que se ven sorprendidas, a principios del XIX, por la Guerra de la Independencia y la invasión francesa de la ciudad. Con el fin de la contienda, la ambición se limitó a cerrar las cubiertas y culminar una cúpula más sencilla de lo previsto. Los campanarios quedaron descartados, pero no olvidados. “Ha sido un clamor popular, al menos desde los 80. A mi, como chiclanero, ver esa iglesia sin terminar siempre me ha llamado la atención. Las mejores catedrales de Europa se empezaron en el siglo XV y se terminaron en el XIX. La arquitectura es algo vivo”, sentencia Esteban.

El arquitecto ha dedicado más de dos años en redactar el proyecto para la ejecución de ambos campanarios en una iglesia que está protegida como monumento desde los años 80. No ha sido fácil: “Había que trabajar de una forma segura, prudente y justificada”. Esteban recurrió a planos y secciones originales que aún hoy se conservan y al alzado, solo hoy documentado en el cuadro de Pizano. Luego vino el estudio al detalle de las obras neoclásicas realizadas por Cayón y Benjumeda en otros monumentos o la traducción de pies y varas a las medidas actuales. Todo quedó cristalizado en un documento que cuenta con más de 140 planos -muchos de ellos dibujados a mano- que, ahora jubilado, ha decidido donar a la ciudad de Chiclana.

El proyecto de Esteban contempla elevar dos campanarios de 17 metros que coronarían la altura del templo hasta los 37 metros. El diseño seguiría las trazas neoclásicas establecidas por los Torcuato, pero se adaptaría a las técnicas de construcción del presente. Eso explica que se use hormigón para la estructura que, posteriormente, irá recubierto con un aplacado de sillares de piedra arenisca, la misma piedra empleada a finales del XVIII. El arquitecto tiene claro que la obra implicará incluso la puesta en marcha de un taller de cantería en la misma iglesia.

“Ha sido un placer adentrarme en el neoclásico desde hoy en día. He intervenido en muchos monumentos, pero el más complicado y querido es este. Me hace joven la idea de verlo terminado”, explica Esteban con orgullo. El arquitecto es consciente de que las futuras obras son controvertidas pero defiende que se trata de un proyecto “con valor de ciudad, hecho desde el consenso”. De hecho, ya en 2010 la idea llegó a superar la comisión de Patrimonio de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía y la del Obispado.

El plan de Esteban recabó hasta 5.000 firmas de chiclaneros a favor. Y, para él, esa es una de las claves que hacen a estos campanarios diferentes a otros monumentos inacabados: “Cada caso es diferente. En el patrimonio hay dos posturas contrapuestas, la que defiende que los bienen deben terminarse y la que dice que deben tener derecho a morir y que la ruina es bella. En medio, hay grises. Si la sociedad quiere, se hará”.

Con el permiso de los chiclaneros, las futuras torres neoclásicas del siglo XXI comenzarán a levantarse cuando la financiación sea tangible. “No es tanto dinero para el proyecto que es. Conozco a empresarios y emprendedores que querrán invertir. Además, habrá que abrir una cuestación entre los fieles”, explica Esteban. Cuando eso ocurra, el técnico cree que las torres serán realidad tras no más de un año y medio de obras. Será entonces cuando, por fin, el último favor del comerciante Pizano se hará realidad.

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