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Cultura - 15.05.2019

Cuando la música se puede tocar

‘UFOF’, el nuevo disco de Big Thief, muestra un universo que parte del folk, la americana y el indie más solitario y abre una zanja entre lo rural y lo urbano

La evolución de Big Thief se narra justo al revés de cómo se cuenta la historia de casi todas las bandas. Donde en otros cada año, cada disco, cada hora perdida en un aeropuerto y cada resaca en una furgoneta hace que los miembros de la entidad se distancien más los unos de los otros, en el caso de este cuarteto con sede en Brooklyn la evolución parece ser justo la contraria. Solo hay que echarle un vistazo a las fotos de promoción de UFOF, su tercer álbum. En casi todas, aparecen abrazados, unos encima de otros… De una forma u otra, siempre se tocan. Y esto, que puede parecer baladí, es en realidad uno de los elementos clave para entender por qué este largo es tan especial, está tan bien armado, es tan delicado y, sobre todo, a pesar de tener una líder tan seductora como Adrianne Lenker, suena casi asambleario. En otras entidades, que su líder lanzara un año antes un álbum en solitario hubiera provocado fricciones o se hubiese eliminado de la narrativa de este largo. Aquí, en cambio, se incluyen dos temas de aquel Abysskiss, con nuevos arreglos en un ejercicio de generosidad sin precedentes.

Con todo esto, UFOF se presenta como una colección de canciones que definen un universo propio, uno que partiendo del folk, la americana y el indie más solitario abre una zanja entre lo rural y lo urbano, lo planeado y lo accidental, la amistad y el desengaño. Más moroso que sus anteriores referencias, logra abandonar casi todos los elementos que podrían hacernos creer que el cajón en el que podríamos meter a Big Thief es uno que lleva años llenándose y en el que no caben más cowboys de ciudad tristes, ensimismados y algo abatidos, cuya única capacidad es la de lograr, a través de las mismas progresiones de acordes de siempre, arrancarnos alguna lagrimilla nueva.

Contact arranca el disco haciendo lo mismo que hacía I Am Trying to Break Your Heart en el Yankee Hotel Foxtrot de Wilco. Pero al revés. Aquí vamos de la delicadeza al caos, y ya jamás vamos a volver a ese caos. Pero tampoco lo vamos a olvidar. Cattails y el tema que da título al álbum son dos maravillas. Aquel tipo de canción que uno echa de menos el mismo segundo en que termina.

UFOF es, como aquel clásico de Wilco, un trabajo en el que la sombra de Radiohead transita por casi todos sus cortes. Pero donde los de Jeff Tweedy abrazaron esas canciones de Thom Yorke que son el sonido de un hombre algo trastornado haciendo nudos imposibles, los de Lenker lo hacen con aquellas otras que evocan a alguien tumbado en una cama deshaciendo sin prisas, ni casi esperanzas, un nudo inexpugnable. Desde la falsa sencillez de Open Desert al pop de mentira de Strange, pasando por la dulzura artesanal de Terminal Paradise o ese mantra con ansiolíticos que es Jenni, acaso la obra cumbre de este disco que te abraza tanto como ganas te dan de abrazarlo. Más que escucharse, UFOF se toca.

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