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Cultura - 14.06.2019

Los mohicanos de los libros en español

La edición independiente en Latinoamérica, presente en la feria del libro, se encuentra en auge aunque lidia con problemas como la difícil distribución

El pasado 26 de abril, en su discurso de inauguración de la 45 edición de la Feria del Libro de Buenos Aires, la escritora argentina Rita Segato incendió la tarima con sus palabras. Además de declarar unas posiciones marcadamente feministas, en un momento de su discurso Segato criticó la colonización cultural europea. «Un editor de América Latina no tiene las mismas facilidades para circular por su continente que una editorial española», denunció. En ese momento la interrumpieron los aplausos del público. “¿Por qué yo no puedo conseguir un libro de Chile? ¿Por qué no puedo conseguir un libro de Uruguay?”, se preguntaba. “¿Por qué no puedo acceder a esos autores desde Argentina si no a través de España?”.

Hablaba Segato de los grandes sellos en español (Planeta, Random House) que tanto en España como al otro lado del Atlántico cortan el pastel editorial. Sin embargo, las editoriales independientes de América Latina van ganando presencia y músculo con los años, algo que puede verse estos días en la Feria del Libro de Madrid. “La edición independiente, o la pequeña edición, o las pequeñas editoriales, han crecido mucho. En todos lados”, explica Cristóbal Thayer, editor de la argentina La Cebra . “Los grandes grupos económicos siguen concentrando una parte muy importante del mercado, pero al mismo tiempo hay movimientos editoriales muy pujantes”, tercia.

En la Feria del Libro de Madrid, en las casetas 111 a 113, el paseante puede encontrarse con el Ecosistema Iberoamericano del Libro Independiente, el lugar indicado si se quiere medir el pulso de la edición independiente en Latinoamérica. Thayer, que con La Cebra está dentro de este Ecosistema, apunta que si bien están surgiendo muchas y buenas editoriales, “la supervivencia en el tiempo, aguantar muchos años, es complicado”. Thayer no habla tanto de tirada como de número de títulos anuales que puede asumir. En La Cebra, si superan los 10 títulos al año, están «completamente sobrepasados y lo hacemos directamente mal” por el ínfimo número de trabajadores.

“Pero si uno suma todos los títulos de las distintas editoriales, se arma una cosa muy potente”, apunta Thayer. La Cebra pertenece a la cooperativa Todo Libro Es Político, que reúne a 12 editoriales independientes de Argentina, donde hay otras cuatro o cinco cooperativas similares. “Nos agrupamos para hacer ferias. Es la forma que tenemos de entrar a un lugar que tiene unos costos siderales. Nos permite cubrir muy bien los gastos”. Y mira alrededor, al parque del retiro. “Igual que aquí. Si uno lo afrontara solo, no habría forma de sobrevivir, de ocupar tu espacio”.

Thayer da la clave de su modelo de negocio: “Somos editoriales de fondo. Editamos libros que queremos que estén siempre vivos. Esto no casa con cómo está armado el mercado editorial en las librerías, que busca la pujanza de la novedad. Pero si trabajamos las distintas ferias, los espacios de venta directa… ahí sí se puede armar una cosa muy importante”.

Coyunturas económicas

“En este momento el sector independiente colombiano se está fortaleciendo. Hay crecimiento y muchos autores de fuera ya no quieren llegar a través de grandes editoriales sino a través de sellos como Laguna, Luna, Tragaluz o Rey Naranjo, que llevan muchos años haciendo un trabajo juicioso y serio”, explica Sergio Escobar, de La Diligencia. La diligencia es una agrupación de 21 sellos independientes de Colombia. Llevan cinco años trabajando y su balance es muy positivo. “Las librerías nos tratan cada día mejor, en la feria de Bogotá ya tenemos un pabellón propio… es un buen momento”.

¿Es la circulación de libros el gran problema de las editoriales independientes? “Va por regiones. Por ejemplo con Perú y con Ecuador funciona estupendamente para nosotros; Lima o Quito es como si fueran ciudades colombianas”, explica Escobar. “De hecho, a veces me cuesta más mandar ejemplares al Caribe colombiano que a esos países, donde tampoco hay un boom de editoriales pequeñas”. Luego, las pequeñas editoriales deben aprovechar las coyunturas económicas del momento. “En Chile, por ejemplo, sí tenemos buena entrada porque, al tener una moneda tan débil con respecto a ellos, podemos colocar productos muy económicos”. “Con Argentina sí hay un problema porque te aniquilan a impuestos. Y con el pez gordo, México,sí hay un problema real. Desaparecen envíos, hay distribuidores que no te pagan…”, explica.

Escobar se suma a Thayer al reivindicar la importancia de unirse para llegar a la Ferias. “Estas iniciativas ayudan a sortear el cuello de botella al que nos enfrentamos todos: la distribución”. La Diligencia es la primera vez que colabora con el Ecosistema. “Estas iniciativas ayudan a dejar a un lado miedos y prejuicios. Al principio este tipo de uniones pueden ser complicadas, porque como no se ve demasiado dinero, lo que prima es el ego, pero una vez que el editor comprende que todos remamos en la misma dirección, entonces funciona”.

Conocido por ser desconocido

“Este es un país conocido por ser desconocido”, dice Víctor Orduna, que se disculpa por, en un reportaje sobre editoriales independientes, representar a una estatal: BBB (Biblioteca del Bicentenario de Bolivia). “Lo cierto es que en Bolivia no hay mucha diferencia, no hay industria editorial propiamente dicha”. La editorial estatal, cuenta Orduna, ha publicado un total de 100.000 ejemplares y, para comparar, esgrime una cifra inapelable: en Buenos Aires hay unas 480 librerías. En La Paz, “cuatro o cinco”. Como muestra de esta falta de ecosistema, un ejemplo: Si me permiten hablar, libro capital de la Bolivia del siglo XX que recoge la vida de la minera de Potosí Domitila Chungara, fue editado por primera vez en Boliva el año pasado. Cuarenta años después de la edición mexicana. La BBB está inmersa en el proyecto Las 200 obras, que edita un “canon” con 200 obras famosas y consolidadas. Mientras, de las voces nuevas bolivianas se dedican las nuevas editoriales.

“Bolivia se define por la ausencia de un ecosistema editorial”, resume Mary Carmen Molina, de la editorial 3600, que cita como algo clave para las editoriales independientes bolivianas «la estrategia de creación de premios literarios». El 2014 fue el último año que el grupo Santillana se hizo cargo de la edición del Premio Nacional de Novela —que se imprimía bajo el sello Alfaguara—. Desde el 2016 la editorial 3600 se hizo cargo. Otra de las editoriales que ha ocupado ese sitio dejado por Santillana, Kipus, ha optado por ampliar las fronteras y organizar un premio de novela internacional que pronto convocará su cuarta edición.

Las editoriales independientes latinoamericanas son un hecho desde hace años; una eclosión que deslumbró al mundo editorial y enriqueció a los lectores. Algunas, más consolidadas, como Sexto Piso y Malpaso (México) o Adriana Hidalgo, Mardulce, Eterna Cadencia o Caja Negra (Argentina) gozan de un canal de distribución que conecta ambos lados del Atlántico. Pero las más recientes van ganando músculo y en los premios, ferias y países vecinos encuentran poco a poco su forma de sobrevivir y publicitarse. Pero, por encima de todo, una cosa queda clara —como puede verse en el Retiro—: la unión hace la fuerza.

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