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Cultura - 30.11.2018

Un rayo de vehemencia

Oriol Paulo compone un thriller comercial de intriga, de ínfulas hitchcockianas, pero que para su trama bebe de películas del cine contemporáneo

El mejor antídoto para el extendido dicho de que “todos los chinos son iguales” es una película de Oriol Paulo que más que probablemente demuestre que para los chinos todos los españoles también somos iguales. De otro modo es complicado entender el sorprendente éxito, magnífico para la industria española, de Contratiempo en el país asiático: casi 25 millones de euros de recaudación, a pesar de que cualquiera al que le suene, aunque sea un poco, la cara de Ana Wagener, o sea medianamente fisonomista, quedaba patidifuso ante el risible intento de Paulo por dejar boquiabierto al personal con la resolución de la historia.

Pero lo cierto es que había gente que se lo tragaba, sobre todo en China, y lo bueno es que Paulo tiene nueva película en muy poco tiempo, que Durante la tormenta es la mejor de su carrera, manteniéndose fiel a sus esencias pero ajustándolas un tanto, y que aunque vuelva a incidir en una sorpresa en el desenlace que quizá también se vea venir, no importa en absoluto porque es consecuente con lo que está contando y porque además, en un ejercicio de puesta en escena que le honra, la va adelantando con la pura dramaturgia cinematográfica.

Como ya hiciera en El cuerpo (2012) y Contratiempo (2016), Paulo compone un thriller comercial de intriga, de ínfulas hitchcockianas, pero que para su trama bebe de películas del cine contemporáneo más que del clásico, todas ellas en torno a la influencia del azar y a los viajes en el tiempo. En este caso, fundamentalmente, de Frequency (Gregory Hoblit, 2000), cambiando la radio por la televisión, pero calcando el fenómeno meteorológico; de Una cuestión de tiempo (Richard Curtis, 2013), y de Regreso al futuro, a la que homenajea con el rayo en el reloj, esta vez no de la torre, sino del colegio de los niños protagonistas. Eso sí, aunque Paulo recoja fuentes demasiado claras, es capaz de llevarlas a su propio terreno, el del melodrama grandilocuente que acompaña al suspense criminal.

Paulo no se corta con la vehemencia y eso no es nada malo en un tiempo en el que en España apenas existe cine de este tipo, el del thriller puramente comercial. Ahí está su hueco. Durante la tormenta es ambiciosa, está muy trabajada con multitud de subtramas y detalles que acaban encajando bien. Y, a pesar de que las últimas filigranas del relato son excesivas y puede que innecesarias, que cuando se quiere poner cariñoso se vuelve remilgado, y cuando quiere ser grave se torna un pelo engolado, la película se traga con cierto gozo, tiene ritmo, buenas interpretaciones y un delirio atractivo. Y hasta el buen gusto de meter una generacional canción de Transvision Vamp.

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