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TV/Televisión - 2 semanas ago

El grave error médico con Juan Antonio, el jubilado al que dijeron que su cáncer era neumonía

Juan Manuel acudió hasta en 20 ocasiones al médico antes de que le diagnosticaran cáncer.

 “No hace falta ser médico para darse cuenta de que algo pasaba, de que si me hubieran hecho un tac antes…”, lamenta en conversación con EL ESPAÑOL. 

Juan Manuel Cózar (Albacete, 1959) se encontraba mal y decidió a ir a Urgencias. Una vez. Y dos. Y tres. Y cuatro. Y cinco. Y seis. Pasaban los días, pero seguía sin encontrarse bien y en sus visitas al hospital no le daban una solución que pusiera fin a sus dolores. Hasta que, tras acudir 20 veces el mismo mes, le diagnosticaron cáncer con metástasis. “Se me cayó el alma encima”, comenta en conversación con EL ESPAÑOL. No se lo podía creer. “No hace falta ser médico para darse cuenta de que algo pasaba, de que si me hubieran hecho un tac antes…”, lamenta. Por eso, ha puesto una reclamación y estudia denunciar a la sanidad pública. No lo hace por venganza, sino para que nadie sufra lo mismo que él. 

Ahora, tras el diagnóstico, se encuentra bien. Recibe el tratamiento adecuado y espera acabar con su última dolencia. Juan Manuel Cózar, al fin y al cabo, lleva mucho camino recorrido, tristemente, en este sentido. Durante toda su vida, ha trabajado en un bar familiar, pero hace siete años tuvo que jubilarse prematuramente. “Empecé con problema de huesos, con artrosis… y luego soy diabético, sufro de hipertensión y me dieron dos infartos”, explica. Por todos esos problemas, pasó por un tribunal médico que decidió que recibiera una pensión que le permitiese trabajar en otro sector. Recurrió y le dieron una minusvalía del 65%. 

Realmente, el gran problema le llegó en 2012, cuando, después de los infartos, le tuvieron que poner dos stent coronarios. Desde entonces, sus visitas al hospital han sido más frecuentes. Hasta que en octubre de este año, acudió a Urgencias. “Me sentía mal y fui. Me mandaron unos sobres y me dijeron que acudiera a mi médico de cabecera al día siguiente. Seguían los dolores y me mandaron otra caja…”. Hasta que llegó enero. Entonces, todo empeoró. 

Ambulancias del servicio de Urgencias de Castilla La Mancha.

Juan Manuel acudió hasta 20 veces en un mes a Urgencias. “Siempre era lo mismo. Me hacían una analítica, un electro, una radiografía… y me daban dos calmantes para que me remitiese el dolor. Con eso se me pasaba un poco. Pero me decían que todo estaba bien”. Sin embargo, él no lo creía. No le entraba en la cabeza que persistieran las molestias si se trataba de algo menor. Pero él siguió insistiendo sin dar un paso atrás. 

“Pedí que me ingresaran para que me hiciera más pruebas”, explica. “No podía andar ni nada”. Y, finalmente, lo hicieron. Una ambulancia lo trasladó de su casa al hospital. Le hicieron un tac y le informaron que tenía cáncer de próstata. “Fue la médica a hablar conmigo y me lo contó. Desde entonces, se portan muy bien conmigo”, reconoce, alabando el servicio de sanidad pública. Al recibir la noticia, se le cayó el mundo encima. “Pero me dije: ‘Igual que he pasado los infartos, voy a tirar para adelante”, recuerda. Se puso manos a la obra. En primer lugar, para superar la enfermedad; y en segunda instancia, para denunciar públicamente lo que había ocurrido. 

Prometieron llamarle… y no lo hicieron

Juan Manuel está indignado: no sólo por el tiempo que han tardado en diagnosticarle su enfermedad, sino también por la forma en la que lo han tratado en Albacete. “El día que me dieron el alta en el hospital, subí a dirección. Vino el director y me preguntó qué había pasado. Se lo conté y cogió mi nombre y mis apellidos y me dijo que hablaría con el área de Urgencias y que me llamarían. Todavía estoy esperando”, cuenta. 

Eso es lo que le llevó a poner una reclamación en el hospital y a poner su caso a disposición de la Asociación para la Defensa del Paciente. De momento, sin denunciar, aunque se plantea hacerlo en un futuro. No por él, que ya ha sufrido las consecuencias de una presunta negligencia médica, sino por otras personas. No quiere que vuelva a ocurrir lo mismo. Sólo quería que le hiciesen un tac, que las pruebas acertaran con su diagnóstico lo antes posible. 

Ahora, se centrará en superar su enfermedad. Se encuentra bien y tanto él como su familia lo celebran. Ya saben lo que le sucede tras varios meses en vilo. Su labor y la de la sanidad pública, en este momento, es acabar con su enfermedad: un cáncer de próstata por el que va a recibir radio en puntos clave y quimio por sangre. Ha salido de muchas y espera que esta vez, pese a todo, sea así. Que la presunta negligencia médica se quede en una anécdota que contar. 

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